Efectivamente no resulta una solución sencilla. Quizás la clave esté en la combinación de varias acciones: por un lado el lector/usuario que pueda interactuar con el contenido informando sobre su objetividad, algoritmos de IA que permitan identificar aquellos contenidos que hayan sido definidos como potencialmente maliciosos y en último lugar la intervención de los fact-checkers como es el caso de Facebook a cuyo programa de partners se ha adherido un elevado porcentaje de las organizaciones que forman parte de la International Fact-Checking Network (IFCN).
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